April 2013

Fantasmas

Eres una dulce tortura que me lacera y me tritura
entre tus pequeñas manos de pétalos
mordisqueados por la rabia del presente
desvanecemos en el frenesí de las pieles.

A veces tengo miedo de perderte
de no volver a ver el destello verde
que desangra tu mirada
de aniquilarte en un suspiro.

Hay poemas cortos, a veces hay vidas incompletas.

Te imagino de noche
en las tristes noches de ficción
bajo el himplar del felino en tus ojos
lamiendo las llagas de mis venas.

Han pasado cuatro octubres
desde que el vampiro rojo despertó
al palafrén de mi poesía
sin ti no hay letras, me hundo en el abismo.

Te escondes en el frío destructor de tus decisiones.

Como antropófagos vamos devorando
las entrañas deformes del tiempo
la espuma escurre de tu vientre
cubres tu ombligo con el bálsamo de mis alas.

Existen los orgasmos cósmicos
los mantos de sangre alterada
que se dispersan por el universo
donde escapamos volando como pájaros estelares.

Somos fantasmas hambrientos del beso saturnino.

Lloramos, maldecimos, nos retorcemos
comiendo el polvo de las palabras rotas
serpientes en celo que buscan el beso
danzando al compás de la fiebre roja.

No quiero más sueños fracturados
ni madrugadas taciturnas
ni leopardos en decadencia
que me hacen tanto daño.

Quiero el vértigo de tus pechos como lluvia sobre mis labios.

El mar turquesa de tus uñas
explorando el sabor de mis arterias
el coloquio galáxico de los astros
que hacen eclipse sobre tu cuerpo.

El capullo geométrico de tu boca triangular
que se impregna de mi cuerpo
la playa de tus muslos que gime
al enredarse con la tinta de mis versos.

Mis letras son tus letras, tú eres el ónix de mi poesía.

—Alejandro Cabada Fernández

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